
¿Cómo olvidarte si tengo tu piel entre mis dedos y tu alma está entrelazada en mis entrañas? La respuesta se contesta en la pregunta.
En estos días, la vida se ha detenido a la sombra de mi jacarandá con sus nerviosas risas descontroladas y sus alegres llantos de cristal. Ha aparecido abriéndose paso entre el miedo y la esperanza con su grito titubeante. Pero está aquí, me acompaña a tu lado, me mece en las dudas de la noche, me abre los párpados dormidos y se me antoja siempre nueva y distinta. Dialogo contigo y me conmueve tu ilusión: los dos sabemos que es, un poco, tuya y mía.
En la noche, sé que sueñas que te edificaron sobre un prado verde con la música de cien laúdes que acompañan tu silencio. Así, nuestra soledad se hace abrazo y puedo permanecer callado junto a ti, sintiendo tus fantasías, besando tus acanalados pechos, haciendo rizos con tu aliento, apoyando mi locura en tu vientre y perdiéndome en nuestra nada.