
No quiero que mi soledad dialogue con tu silencio. Espero, más bien, que un liviano murmullo nos arrope a cada instante. De este acuerdo, tu voz no será nostalgia y podremos sentarnos a la orilla del río y ver como las horas se inventan en segundos y los segundos en brisa. Después, aunque nos separemos, el aire me sabrá a ti y en mi retina permanecerá tu piel desnuda y húmeda.





















