martes, 27 de noviembre de 2007

Luz de fondo


Cuando dejo un rato mi mirada en ti, una luz de fondo abrasa mi alma. El vello de mis brazos se eriza inquitante y turbador. Todo mi cuerpo se construye en temores y la paz desaparece. Luego, me sosiego; te nombro, Dama; adivino tus ojos de diosa eterna y la armonía se apodera de mi, como un niño mecido en el regazo de su madre. ¿Qué hay en ti, que te sigo buscando entre la neblina cada mañana?

domingo, 25 de noviembre de 2007

Mañanas del otoño frío


En las fulgurosas mañanas del otoño frío... te escondes entre las palmeras; como refugiándote. Yo te expío a hurtadillas y te descubro luminosa y altanera. Me siento tímido adolescente y bajo la mirada a un suelo lleno de hojas amarillas y pardas. Inclino mi cabeza levemente a un lado y siento como la felicidad recorre mi piel y mis entrañas.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Hoy, Dama


Hoy, Dama, quiero contarte de mí:

Andrés, mi nieto, ha cumplido seis años.

Teo, un nieto por nacer, tiene un rostro naranja y medio cubierto por su piececico izquierdo en la vídeo-ecografía que me enseñó mi hija.

Irene, mi nietecilla mayor, ha vuelto loquita de su excursión y ha traído unas hormigas que dice que va a estudiar haciéndoles un hormiguero y dándoles de comer miguitas de pan y semillas de sésamo.

Paula, mi nieta mediana, toca una melodía al piano.

Y yo... sigo buscándote entre las nubes como un viejo caballo alado que pretende encontrar su paraíso.

domingo, 18 de noviembre de 2007

¿Me permites quererte de nuevo?



He faltado meses y te he llevado en mis adentros. Sé que en muchas ocasiones huyo sin causa alguna. Así, desaparezco y me disuelvo en las últimas memorias. Unas veces, tomo un barco de humo y me dejo llevar a los mares infinitos; otras, vuelo y me refugio entre los surcos del arcoiris buscando colores más allá del violeta. En este desatino me voy devorando; tomando, una a una, cada célula de mi alma hasta quedarme en un vacío solo y gris. Pero he regresado, te he estado espiando escondido tras las esquinas sin atreverme, avergonzado, a presentarme ante ti y recónditas, instante a instante, las viejas emociones han vuelto a mi piel. Dama, ¿me permites quererte de nuevo?