sábado, 26 de enero de 2013

Las trampas del desamor


 Estaba amaneciendo, esos momentos en los que la soledad aprieta y el cuerpo gime de melancolía, en esta Sevilla que nos hiere de amores terminados y paseos entre la niebla. Entonces, en la añoranza, te descubro sepultada entre las primeras luces del día y las últimas farolas encendidas y recuerdo tu piel y tu aliento y los placeres nunca olvidados. En ese instante me hubiera ido hacia ti y te hubiera besado en los cimientos más íntimos de sexo, en los repliegues más profundos de tu edad y me hubiera quedado acurrucado entre tus pechos hasta que el sol del mediodía nos hubiera despertado. Ahora repaso lo sentido y veo las trampas del desamor en el abandono que mata.