
Han pretendido secuestrarte la luz y robarte la claridad de la mañana. He acudido veloz y nos hemos intercambiado las miradas, has tomado mi mano y yo, la tuya. Entonces, el sol ha roto la niebla y los miedos han huido disimuladamente dejando reflejos dorados en nuestra piel, que es sólo una. Dama, ¿quién podrá contra nosotros si miramos el mismo horizonte y nos mueve la misma brisa?

