sábado, 1 de diciembre de 2007

Blade Runner


En el Avenida ponían Blade Runner, te sugerí ir juntos a verla. Como alternativa, me invitaste a contar las arenas del desierto. Nos distanciamos. Vi la película, que me pareció tan sugerente como siempre, y tú estuviste más allá de donde el Sahara se confunde con las lágrimas en la lluvia. Al amanecer, nos encontramos de nuevo entre la claridad del alba y el despertar de la carne eterna. Eras infinita; mientras, yo tenía mi tiempo escrito en la duda de un replicante. Huímos temerosos y me arrepentí de no haber buscado junto a tí las rojas dunas de la pasión.

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