
Se me antoja tu cuerpo como un velero oculto entre olas verdes. Y yo, viejo capitán inexperto, veo que me navegas caprichosa y lasciva. Movimientos acompasados y ocultos dirigen nuestros placeres por mares donde nunca bogó marinero alguno. El viento, infiel y recio, nos lleva a islas perdidas en las que nunca existió la duda. Confío en ti y beso el hueco que dejan tus pechos de caolín en mis pensamientos.
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