
Ahora se nos ha venido la noche; pero al alba tome la decisión de buscar la rosada luz de tus ojos para mitigar la soledad. Casi me huías escondiéndote en mil enredos entre las hojas de los amargos naranjos de las calles. Te llamé:
- ¡Dama!
Me respondiste con una huraña sonrisa. El encuentro fue simple y tu carne me supo a miel de hierbabuena y azahar.
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