
He regresado a Sevilla y he dejado escondida la muerte entre montes umbríos y quejumbrosos. Me he acercado a los alegres llantos de un bebé, que está aprendiendo a mirar, y me he olvidado de todo, incluso de ti. Ahora, necesito volver a la monotonía para recomenzar las ilusiones y los quehaceres. ¿Me ayudas, Dama?
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