
En estos días en que la muerte me susurra caricias al oído y la vida me grita, fuerte y clara, nanas melodiosas; apenas me queda tiempo para otros amores que no olvido. Mis dedos se deslizan entre las arrugas de los años y la seda de un bebé. Te miro en penumbra desde la distancia de esta esquizofrenia que nos ha tocado en suerte y mantengo en la ilusión tu recuerdo.
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