
Te he visto con tu maquillaje de mujer antigua, con tu piel de arcilla y oro, con la rugosidad de tu alma de cautiva, con los años de tu melancolía, con las lagrimas retenidas, con el reflejo de tu vida altiva y, aún con todo, sigo teniendo la ilusión de verte, de acariciar tus dudas y las mías.
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