miércoles, 21 de febrero de 2007

Buenos días, Enladrillada Dama

Ayer mañana llovía mansamente, como para acariciarte tu suave piel de mujer nacida de la tierra. Yo te miré a los ojos y vi que los tenías entornados y algo más grises que de costumbre; parecía que una lágrima fuera a descender rodando apesumbradamente hasta tus cimientos. Una nube de plomo insinuante vaciaba sobre tus cabellos el agua purificadora y sentí que entre nosotros habría para siempre un nombre en complicidad: tú serías mi amorosa Dama Enladrillada y yo, intentaría ser tu amante silencioso.
Los metálicos sonidos de tu voz se iban debilitando mientras me alejaba entre los naranjos de Mateos Gago; aún no olía a azahar. Sentía la dicha de quien se enamora por primera vez y se ve correspondido.


No hay comentarios: