
Amanace la luz entre tonos rosados y mansos; pero tú emerges radiante y jubilosa. Imponiendo tu cautivador atractivo, que despierta eróticos rcuerdos. Haciéndote vigilante de la mañana con sortilegios de sofisticada bruja de la noche. Y, mientras tanto, yo intento vencer la culpabilidad de no amarte.
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