
Te he visto muy de mañana... enrejada en tus viejos cimientos de la historia, sumida en un quehacer triste y monótono, con la mirada perdida en las ilusiones, cuidando tu porte altivo de antigua dama cristiana y mora, dejando que tus arcillosas manos se cuidaran de mantener un pasado sin presente... Antes, no veía más que tus dones, ahora me afloran tus defectos ¡Qué duro es el desamor!
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