
Entre las mil miradas del desamor hay una tímida y avergonzada, casi con remordimientos y desasosegados recuerdos; ésta es aquella en la que uno de los amantes se esconde y mira a la amada entre la espesura de los altos cipreses y el cálido verdor de las palmeras. La amada eres tú y yo el ingrato amante que aún siente la perdida pasión.
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