
Me he acercado a ti mordiendo pausadamente cada paso y, por el camino, iba cruzándome con rostros cotidianos que, inconscientemente, miran insatisfechos y distraídos la mañana. Algunos me sacan de la ceguera con un gesto familiar, otros dejan caer sus casi dormidos párpados en una excusa incomprensible. El corazón cruje impetuoso en la dicha del encuentro, tuerzo la esquina de Alemanes y te muestras desafiante en tu esplendor . Me apresuro, llego hasta ti, me quedo mudo y te relato mi desasosegada noche. Ahora mi pulso espera una campanada cómplice para continuar latiendo.
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