Caminaré por senderos en los que nunca anduvo el viento y confío en llegar a tu lado. Allí se habrán terminado las sombras y las luces del placer nos cubrirán de olvido. Beberé de tu agua infinita y brindaremos con el mejor vino de tu cosecha. El amor nos cobijará en su desvarío y recorreremos juntos los tiempos eternos. Las yemas de mis dedos se moverán acompasadas por tu pecho y nos perderemos en la nada del gozo. La muerte ya nunca tendrá vida porque tú, Dama, y yo somos la esperanza.
miércoles, 9 de mayo de 2007
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