
Sé que estás anclada en las arcillas del río grande y que no te supiste deshacer de las amarras que te impidieron ser vagabunda; pero tu quilla desafía los azules vientos del alba y recorres, navegando, mis entrañas. Los océanos y los mares se te van quedando chicos y ahora te mueves por los espacios de Eros con tu sonrisa vertical y tu piel desnuda.
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