
A tu sombra estoy leyendo unas viejas cartas de amor. Las miras por encima de mi hombro, a hurtadillas, y sonríes maliciosamente pensando con inclemente orgullo: "Cosas de humanos...". El día se va haciendo adulto y tu sombra ya no me cobija, el sol te adormece y me voy liberando de tu mirada. ¿Por qué quieres un esclavo si yo te estoy ofreciendo sueños en mis nostalgias, vieja Dama?
Gracias por tus halagos, Magda.
Gracias por tus halagos, Magda.
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