
En los días en que llega el ángel negro y se cubre tu cielo y el mío de la melancolía de una primavera rota. La ilusión y la esperanza se funden al gris de una tarde sin sentido. Pero entonces tú, Dama, te sacas de las entretelas de la cintura un manojo de azucenas que conjuran la presentida noche y todo lo interpretan en músicas de colores; por eso, tendré que seguir amándote en cada una de las vidas que haya de vivir.
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