
Algunos días, cuando el sol juega al escondite con las nubes, me voy al otro lado del río y te miro desde la distancia. Apareces reina de la tarde y la ciudad se rinde a tu sombra. Yo, humilde, me siento en el muelle y compruebo, orgulloso, como tu amor me hace soberano y limpio. Dama, no me dejes solo, me fundiría en la luz y no podría verte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario